Cuando la filosofía se aproxima a la utopía | Filotécnica [geofilosofía para estresados]

26.09.2012 16:14

 

La conexión de la filosofía antigua con la ciudad griega, o la conexión de la filosofía moderna con el capitalismo no son ideológicas, ni se limitan a impulsar hasta el infinito determinaciones históricas y sociales para extraer de ellas figuras espirituales.

 

La filosofía moderna es tan poco amiga del capitalismo como lo era la filosofía antigua de la ciudad. La filosofía lleva a lo absoluto la DT relativa del capital, lo hace pasar por el plano de inmanencia en tanto que movimiento de lo infinito, o lo suprime en tanto que límite interior, lo vuelve contra sí, para apelar a una tierra nueva, a un pueblo nuevo.

 

Está muy cerca de lo que la Escuela de Frankfurt designaba como utopía. La utopía es la que realiza la conexión de la filosofía con su época, ya sea el capitalismo europeo o la ciudad griega. Es con la utopía con lo que la filosofía se vuelve política y lleva a su máximo extremo la crítica de su época. La utopía no se separa del movimiento infinito: designa etimológicamente la DT absoluta.

 

Siempre existe en la utopía, como en la filosofía, el riesgo de una restauración de la trascendencia, con lo que hay que distinguir entre las utopías autoritarias, o de trascendencia, y las utopías libertarias, revolucionarias, inmanentes. La palabra utopía designa por tanto esta conjunción de la filosofía o del concepto con el medio presente: filosofía política.

 

La revolución es la DT absoluta en el punto mismo en el que ésta apela a la tierra nueva, al pueblo nuevo. La DT absoluta no se efectúa sin una RT. La filosofía se reterritorializa en el concepto. El concepto no es objeto, sino territorio.

 

Los griegos dominaban el plano de inmanencia que construían desbordantes de entusiasmo y arrebatos, pero tenían que buscar con qué conceptos llenarlo, para no caer de nuevo en las figuras de Oriente. Nosotros tenemos conceptos, creemos tenerlos, tras tantos siglos de pensamiento occidental, pero no sabemos muy bien dónde ponerlos, porque carecemos de auténtico plano, debido a lo distraídos que estamos por la trascendencia cristiana. Los griegos de Platón contemplan el concepto como algo que está todavía muy lejos y muy arriba, mientras que nosotros tenemos el concepto, lo tenemos en la mente de forma innata, basta con reflexionar.

 

Schelling decía que los griegos vivían y pensaban en la Naturaleza, pero dejaban el Espíritu en los misterios, mientras que nosotros vivimos, sentimos y pensamos en el Espíritu, en la reflexión, pero dejamos la Naturaleza en un profundo misterio alquímico que no cesamos de profanar.

 

Después de la instauración de la filosofía griega, la evolución de la filosofía occidental ha ido en la línea de ir creando conceptos, pero el plano de inmanencia que crearon los griegos se ha mantenido con las fluctuaciones propia de la evolución. Ahora, en el Estado Democrático, hemos conseguido crear los conceptos, pero seguimos teniendo el mismo plano de inmanencia que los griegos, con las fluctuaciones debidas a la evolución histórica y a su propia naturaleza que abarca mucho más que la historia. Para que surja la filosofía tiene que haber una conjunción entre los conceptos y el plano de inmanencia, y en nuestra sociedad eso no ocurre. Necesitamos una tercera DT para que casen plano y conceptos y surja una nueva filosofía. Es a lo que referencia Deleuze con el mundo nuevo y el pueblo nuevo.

 

El catolicismo no nos dejó filosofar

 

 No sólo el filósofo tiene una nación, en tanto que hombre, sino que la filosofía se reterritorializa en el Estado nacional y en el espíritu del pueblo. Así fundó Nietzsche la geofilosofía, tratando de determinar los caracteres de la filosofía francesa, inglesa y alemana. Pero, ¿por qué únicamente tres países fueron colectivamente capaces de producir filosofía en el mundo capitalista?

 

Italia presentaba un conjunto de ciudades desterritorializadas y un poderío marítimo capaces de renovar las condiciones de un milagro, y marcó el inicio de una filosofía inigualable, pero que abortó, y cuya herencia se transfirió más bien a Alemania (con Leibniz y Schelling). Tal vez se encontraba España demasiado sometida a la Iglesia, e Italia demasiado próxima de la Santa Sede; lo que espiritualmente salvó a Alemania y a Inglaterra fue tal vez la ruptura con el catolicismo, y a Francia el galicanismo. Italia y España carecían de un medio para la filosofía, con lo que sus pensadores seguían siendo unos cometas, y además estos países estaban dispuestos a quemar a sus cometas.

 

Italia y España fueron los dos países occidentales capaces de desarrollar con mucha fuerza el concettismo, es decir, el compromiso católico del concepto y de la figura, que poseía un gran valor estético pero disfrazaba la filosofía, la desviaba hacia una retórica e impedía una posesión plena del concepto.

                                      

Internauta Sin Pauta