TEORIA DEL ESPACIO III | Profesor Leonardo Lembo [grafología]

04.09.2012 22:05

El ojo humano tiene circunscripta su visión entre 350 nanómetros (violeta) y 780 nanómetros (rojo), todo traslado realizado en dicha escala permite visualizar un color diferente. Fuera de esa escala no percibiremos la luz. De ahí que percibamos los objetos dependiendo de la luz reflejada en ellos. Según el material de la superficie donde incida la luz, se absorberá parte de ella, reflejando el resto en una longitud de onda determinada, que corresponde al color que vemos. Partiendo de tal principio, un objeto que absorba todas las longitudes de onda y no refleje nada, lo veremos en negro, y uno que sea capaz de reflejar todo nuestro espectro visible de la luz que le incida será invisible a nuestros ojos. Tal es el caso del espacio vacío que carece de superficie y, por lo mismo, no absorbe ni emite luz, de hecho, ésta lo traspasa hasta llegar a nosotros en su totalidad. Si bien el espacio vacío no es un objeto, si lo es para nuestro inconsciente, quien lo mide, encuadra (Place Fields) y subdivide mediante las “Place Cells”, “Grid Cells” y “Head Direction Cells”, las cuales son neuronas piramidales reticulares ubicadas en la Corteza Entorrinal Medial, cuya finalidad consiste en la localización, diferenciación y subdivisión del espacio, y la navegación a través de éste.                                                     

 

Células Piramidales

 

Aunque no existen colores perceptibles en el espacio vacío, es el inconsciente el que proyecta una significación psicológica, tanto a los colores como a los espacios correlativos a éstos. Sí, de hecho existe a nivel cerebral una correlación entre los colores y los espacios. Prueba contundente de ello es nuestra percepción de la mariposa Morpho, la cual luce un color azul brillante, aun cuando debajo de esa tonalidad carece de pigmentación[1]. Dicho efecto resulta de una determinada separación existente entre sus minúsculas láminas o escamas, distribuidas cual tejas sobre un tejado, a una distancia que propicia la longitud de onda correspondiente al color azul. De modo que ese bello color no resulta de la pigmentación, sino antes bien, de la longitud de onda propiciada por la distancia en que se encuentran sus láminas-escamas. De lo dicho se desprende que nuestro cerebro tiene la capacidad de asociar distancia – espacio – color, así como desde lo inconsciente, las significaciones psicológicas correlativas a los mismos (detrás de toda conducta, pensamiento, sentimiento o percepción, subyace una implicancia inconsciente, pues éste último es el que decide, segundos antes de que nuestro consciente actúe[2]).

 

Mariposa Morpho

 

Gracias a las mencionadas células piramidales nuestra mente crea inconscientemente un orden topológico espacial de carácter tridimensional, en donde existen diversidad de distancias dadas entre sus múltiples vectores espaciales[3]; lo que propicia en nuestra mente la percepción de longitudes de ondas, las cuales, dado el nivel inconsciente de dicha percepción, y el hecho de que son de carácter representacional, no producen sensación color, más si la percepción del contenido psicológico de éstos. De ahí la preferencia o renuencia inconsciente ante determinados espacios. A partir de dicha premisa, se comprende que la energía psíquica proyectada inconscientemente mediante nuestro psiquismo en el espacio vacío (teorías del espacio), es percibida por nuestro propio inconsciente cual oleadas u ondas, que al acercársenos cobran mayor proximidad entre sí, en tanto que las posteriores se hallan más distanciadas. Dando lugar a una variabilidad longitudinal y a los correspondientes corrimientos al rojo y al azul (Efecto Doppler[4]) y sus tonalidades intermedias; amarillo y verde. Las ondas cortas se identifican por el color azul, las moderadamente cortas por el color verde, las moderadamente largas por el color amarillo, y las largas por el color rojo.

 

 Ondas emitidas en dirección hacia el sol.

 

 

 

Corrimiento al rojo o al azul en función del movimiento relativo entre el objeto emisor y el observador

Tanto la luminosidad que es rechazada (no absorbida por determinada superficie) y percibida como color por nuestro cerebro, así como la energía psíquica proyectada en el vacío y percibida por nuestro propio inconsciente, son, en sí mismas, información. De hecho, la información es energía cuantificable, y como tal se traslada por ondas.

Tal fenómeno se propicia principalmente en nuestra mente, dado que es con ella con la cual tenemos experiencias visuales, aun con los ojos cerrados y estando dormidos. De hecho, las longitudes percibidas provenientes de los diversos vectores, resultan de un mapa cognitivo elaborado por nuestro cerebro y aplicado sobre el espacio.

 

El color es una sensación, un producto conceptual elaborado en nuestro cerebro mediante los datos recogidos por nuestros ojos al contemplar un determinado objeto iluminado (extracorpóreo). A modo de ejemplo podemos decir que el fruto del naranjo no es de color naranja, tan solo éste, dada su superficie, absorbe determinada parte del espectro lumínico, en tanto, la luz que no es absorbida, que es repelida por dicha superficie, si bien tampoco es color, transmite información que estimula a nuestros ojos produciendo una sensación de color (a nivel cerebral), en éste caso, naranja.

Dicho de otra manera, el color es el resultado de nuestros ojos; es sensación de color. De hecho, tanto la materia como la luz misma, son incoloras. El color tan solo existe como experiencia sensorial del individuo al percibir el mundo material bajo los efectos de la luz.

Por lo tanto, los colores son percibidos inconscientemente por longitudes de ondas logarítmicas, y de igual modo es percibida la significación psicológica que el inconsciente asigna tanto a los colores, como al entramado espacial (teoría del espacio tridimensional), según las respectivas correlaciones psicológicas entre ambos.

De modo que el inconsciente es estimulado mediante la percepción de la psicología del espacio (energía del vació, del tipo psíquica), que proyecta nuestro psiquismo de forma objetiva, lo que incluye al inconsciente colectivo. Tal energía es percibida mediante incrementos logarítmicos sujetos a la longitud de onda que correspondería a un “color”, o lo que es lo mismo para el inconsciente, a la percepción de su significado psicológico proyectado en los espacios correlativos a este. Proceso durante el cual se propicia el “efecto Doppler”, con los correspondientes fenómenos del “Corrimiento al azul” y del “Corrimiento al rojo”, percibidos por nuestro cerebro de un modo inconsciente, dependiendo de la longitud de la onda en el proceso estimulador, existente entre la energía psíquica proyectada en el espacio (información arquetipal) y el psiquismo del escritor.

[Continuará...]

 

Leonardo Lembo

 


[1] Un pigmento es un material que cambia el color de la luz que refleja como resultado de la absorción   selectiva del color.

[2] Para ilustrarse se recomienda ver http://youtu.be/CuDTaL7OHJk , http://youtu.be/VMuQOjM38yA

[3] Consiste en una representación neuronal del espacio físico a través de la confección de un mapa cognitivo.

[4] El efecto Doppler se da tanto en las ondas visibles como en las invisibles. Por ejemplo, en el espectro visible de la radiación electromagnética, si el objeto que emite las ondas se aleja, su luz se desplaza a longitudes de ondas largas, corriéndose hacia el color rojo, (las longitudes de ondas largas producen el efecto color rojo). Si el objeto se acerca, su luz presenta ondas de longitud corta, desplazándose hacia el color azul (las longitudes de ondas cortas producen el efecto color azul). De ahí que se sepa que el universo se está expandiendo, pues al mirar las galaxias  mediante un espectrómetro se corroboró que lucen una tonalidad rojiza, de modo que se están alejando. http://youtu.be/UEBNJqUW5Ok

 

Nota: se agradece la divulgación por cualquier medio.