Nuestro Instinto Homicida | Carlos A. Jimenez Vélez [neurologia]

17.08.2013 14:38

 

Cuando el ser humano amplió sus territorios cognitivos y afectivos, a través del lenguaje y de la socialización, interiorizo procesos de pensamiento de alto nivel ligados a la abstracción y pudo construir conceptos como la democracia, la libertad, la ética, la moral, pero muchos seres humano quedaron suspendidos a medio camino entre los dioses y las bestias como lo plantea la filosofía perenne. Producto de esta fragmentación el hombre, es el único que por conceptos abstractos ligados a la religión, el patriotismo, asesina al otro hasta con alevosía, por el contrario, en el reino animal se mata al otro por instinto depredador, sin sevicia como ocurre con muchos psicópatas o asesinos. Para la ciencia, muchos de nuestros comportamientos son genéticos, la ontogenia recapitula la filogenia y a través  de todo el desarrollo humano se encuentra la historia evolutiva que demuestra que no somos más que la mezcla de todos los seres vivos existentes en la naturaleza.

 

Desde las fases embrionarias se recapituló de alguna manera en forma sintética o abreviada todo el desarrollo de la vida, las hendiduras branquiales en el feto registran nuestro distante pasado como peces, la cola embrionaria representa junto con el cerebro reptílico, nuestras relaciones estrechas con dichas especies que lo único que hacen es comer, tener sexo y agredir al otro. Así mismo la evolución del sistema límbico originó el desarrollo  las emociones que compartimos con todos los mamíferos. Posteriormente el desarrollo de la corteza cerebral permitió que nos alejemos de la animalidad humana. Sin embargo es necesario precisar que las huellas reptílicas y sus efectos permanentes  todavía  perduran en el ser humano, actuando en muchas oportunidades como mecanismos violentos.

 

La civilización para Freud se construyó cobre la base de la represión de los instintos, pero muchos seres humanos en vez de utilizar el enojo o el enfado o inclusive el tratar a otra persona con palabras soeces, utiliza el mecanismo de la muerte para hacer desaparecer el otro. Nacemos como reptiles luego como mamíferos, pero es la Educación lo que más hace humanos.

 

Las investigaciones de David Buss  sobre los instintos de los asesinos, demuestra que los seres humanos de una u otra forma han tenido la idea o la fantasía de matar a otro. Para este neurólogo el asesinato es una estrategia que utiliza el hombre para resolver problemas de adaptación o de supervivencia. En este sentido es el entorno o contexto el que estimula la respuesta homicida, es decir, no solamente es un instinto o un impulso como siempre hemos creído. En una encuesta realizada por este investigador a una población de 5000 estudiantes en Estados Unidos 91% hombres y 84% de las mujeres reconocieron haber tenido fantasías o intensiones de matar otro, lo cual evidencia en el ser humano que todavía  nos encontramos atrapados en la animalidad reptílica a pesar de todos los procesos educativos que tiene nuestra civilización y la aparente postmodernidad que se argumenta por muchos teóricos.

 

Los procesos educativos y la institucionalización de la justica es la que ha permitido la reducción de los homicidios, en épocas anteriores se producían más por la ausencia o la inoperatividad de la justica, más aún en las épocas primigenias, cuando los primates bajaron de los árboles liberando sus manos para utilizar palos o instrumentos para poder sobrevivir como especia altamente depredadora y que necesitaba de estos instintos primarios para sobrevivir en las estepas africanas en medio de muchos peligros y de animales que solo existía en medio de la muerte.

 

En USA  el 65% de los homicidios los cometen los hombres y solo el 22% las mujeres que en la mayoría de los casos lo hacen por despecho, infidelidad o abandono, para Buss cuando un hombre mata a su esposa, lo hace para privar su rival de esos valiosos recursos reproductivos que poseía y controlaba. Lo anterior es similar al comportamiento depredador de los leones, cuando uno de ellos mata al rival para quedarse con su territorio y con las leonas de su adversario, inclusive mata a sus críos para evitar que la leona los amamante y los olvide y se pueda convertir en su pareja reproductiva. 

Lo paradójico de todo lo descrito anteriormente es que el ser humano en su proceso de desarrollo humano tiene mecanismos neurofisiológicos y sicológicos para agredir al otro y también para asesinarlo pero también tiene mecanismos de adaptación biológica desde el córtex frontal para afectarlo, amarlo, cooperar con él y convivir en paz y armonía. El fortalecimiento y la activación de uno de estos mecanismos depende básicamente del entorno social – cultural y educativo en que se desenvuelve el ser humano, un ambiente inhóspito desorganizado a nivel político y social es el caldo nutritivo más grande que exista para que se produzca el delito y las diferentes formas de violencia que van en contra de la normatividad social. Para David Buss no es que tengamos un impulso agresivo al que haya que dar rienda suelta, más bien es el entorno el que activa respuestas homicidas que afloran en determinadas circunstancias (2008:http://www.smartplanet.com).    

 

Hoy en día los psicólogos y los científicos siguen debatiendo si nuestro comportamiento animal es genético o producto del entorno. La audaz pretensión de que los seres determinan físicamente la cultura ha perdido ya toda vigencia y hoy se reconoce el papel  de la educación en la vida humana para sopesar y controlar todos aquellos comportamientos animales.

 

CARLOS ALBERTO JIMÉNEZ V.

Magister Comunicación y Educación

PHD Profesor Titular Universidad Libre Seccional Pereira