El Cerebro del Violento | Carlos A. Jimenez Vélez [neuropedagogía]

17.08.2013 14:14

 

Para la neurociencia se hace necesario comprender la cartografía del funcionamiento cerebral para poder dilucidar lo que realmente sucede en un cerebro, cuando es dominado por la ira o el intenso dolor y es capaz de cometer todo tipo de actos violentos. De esta forma se podrá proponer visiones más apropiadas que aquellos enfoques, de algunas corrientes tradicionales de  las ciencias del derecho que plantean que es necesario el castigo y la rehabilitación, debido a que el conocimiento de estos actos delictivos, que son insoportables para el ego puede de cierta forma cumplir una función de represión que permite el redireccionamiento de las conductas humanas para no volver a delinquir. Al respecto, recordemos que uno de cada tres homicidas argumentan no recordar nada acerca del momento en que cometió el ilícito. Lo anterior podría abrir nuevas brechas de comprensión sobre la necesidad de comprender que el cerebro de un violento o de un asesino, puede funcionar diferente al cerebro de un sujeto normal. Es así como, los escaneos de estos cerebros han evidenciado falta de actividad significativa a nivel funcional con respecto a la de un cerebro normal, o en muchas causas un desnivel en la tasa de neurotransmisores como la serotonina.

 

Desde estas perspectivas, un lóbulo frontal disminuido de tamaño con un funcionamiento alterado a nivel de la regulación de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina pueden desencadenar en un proceso de hipertrofia o del mal funcionamiento del mismo, ocasionando problemas como la hiperactividad, el autismo, la esquizofrenia y otra sería de patologías relacionadas con el bloqueo de señales que deben existir entre el córtex frontal y la amígdala para poder racionalizar comportamientos vinculados con la ira, el dolor, el odio, el estrés, que pueden desencadenar comportamientos delictivos. Recordemos que el córtex cerebral equivale entre el 30-40% de la corteza cerebral. También es preciso anotar que si no existe un flujo sanguíneo adecuado, también se puede producir un desequilibrio de orden sináptico entre las conexiones que tiene este órgano con el cerebelo, el mesencéfalo, los ganglios basales, el tálamo, el hipotálamo, el hipocampo, la amígdala, produciendo de esta forma una inadecuada producción de neurotransmisores y de señales que  van a bloquear las señales, que van desde la amígdala hacia la zona de la racionalidad y de la conciencia como es el córtex cerebral. De esta forma neurofisiológica una emoción como la ira se desencadena de una forma que fácilmente se convierte en un delito, sin que medie un pensamiento, sino la animalidad humana. Para Aristóteles “el hombre es un animal racional”.

 

Estudios científicos hechos por Martin H.Teacher (1997)  han evidenciado que el daño al hipocampo, producto de un exceso de hormonas del estrés (cortizol), no solo incide en la memoria declarativa y episódica sino que esta zona al verse reducida al 16% en adultos que habían sido reportados con maltrato infantil, incide en la cantidad de receptores de cortizol debido a que esta zona cerebral es la de mayor cantidad de receptores de esta neurohormona. Recordemos al respecto también que el hipocampo  es una de las pocas regiones junto con el cerebelo donde siguen apareciendo nuevas neuronas después del nacimiento. En consecuencia  las reducciones del hipocampo y la amígdala (9.8%), inciden profundamente en conductas delictivas que pueden desencadenar  en la formación biológica de un cerebro de un asesino, o en la formación de secuelas irreversibles que acompañan la animalidad humana; especialmente en procesos relacionados con la agresividad, la impulsividad, la delincuencia, la hiperactividad o el abuso de drogas psicoactivas. Al respecto la irritabilidad límbica de estos sujetos se puede explicar siguiendo a este investigador en que el estrés temprano, reconfigura la organización y el funcionamiento biológico del hipocampo, y de la amígdala, originando de esta forma la alteración proteica de los receptores GABA (acido gammamirobutirico), los cuales inhiben la excitación eléctrica de las neuronas produciendo una actividad eléctrica excesiva que fácilmente puede desembocar en conductas homicidas.  

 

Estudios científicos hechos en México  a cerebros de homicidas (38 hombres 2 mujeres), han demostrado a través de escáner, que estos presentan actividades reducidas a nivel del funcionamiento del córtex frontal y esto compromete a los sujetos en mención a controlar adecuadamente sus impulsos, es decir, un cerebro que posee una actividad cortical débil de esta zona, es mucho más propicio a la ira, a la lucha, que a la posibilidad de apaciguamiento o de la huída, que son básicamente las  estrategias básicas de supervivencia que utiliza el cerebro humano, cuando se encuentra frente a un estímulo que implica amenaza, el cual a través de los sentidos desemboca en el tálamo cerebral para poder coger el atajo más corto que existe, hacía la amígdala y poder responder en forma automatizada y rápida, sin que medie un pensamiento racional.  Estos son algunos de los motivos por los cuales se hace necesario abordar el estudio de algunas zonas cerebrales, para poder comprender mejor la complejidad humana y en especial aquellos comportamientos relacionados con la delincuencia.

Posteriormente  ¼ de segundo después el estimulo llega al córtex frontal que se encarga de procesarlo para poder actuar mediante un proceso de planeamiento de carácter racional y lógico que nos diferencia del resto de los animales.

También es necesario precisar al respecto  que la existencia de patologías  en el córtex frontal también pueden desencadenar en problemáticas como el síndrome de déficit de atención con o sin hiperactividad, el cual según estadísticas americanas demuestran que la mitad de los presos, los que abusan del alcohol y de las drogas, pueden tener dichas anomalías, debido a que el córtex frontal no podrá orquestar la totalidad del cerebro en el equilibrio y la armonía que necesitan. De igual forma un estudio de cerebros a un grupo de psicópatas arrojó resultados similares. Al encontrarse reducciones hasta del 11% en el córtex. Para Eduardo Punset (2008), “parece ser, por tanto, que sus instintos más primitivos tenían más poder a la hora de decidir su conducta final en distintas situaciones” (p.246).          

 

Las amígdalas y los comportamientos violentos

 

Las respuestas emocionales se producen en el ser humano en su mayor parte en forma inconsciente. Es así como cuatrocientos  mil millones de bits/seg, que se producen a nivel cerebral corresponden al inconsciente, solo 2 millones de bits/seg son de carácter consciente. Lo anterior demuestra claramente que vivimos atrapados y sumergidos en el mundo  del inconsciente y en especial en el mundo  de las emociones. En este sentido muchas expresiones emocionales, como la furia, la ira y el miedo se apoderan de muchos sujetos, convirtiendo nuestro entorno o contexto en un sitio muy sombrío, el cual es propicio para la delincuencia y acciones que van en contravía de la normatividad social.

Al respecto es necesario precisar que desde la Neurociencia en muchos de estos delitos el sujeto implicado puede tener poco o ningún control. Es posible que conductas penales como el homicidio o las acciones que comete un psicópata  pueden ser causadas por la deficiencia o daños cerebrales, como es el caso del mal funcionamiento de la amígdala  en los psicópatas, en el cual al hacer escaneos cerebrales se ha demostrado que en una persona normal, se activa y se ilumina el hemisferio derecho, mientras que en estos sujetos en situaciones emocionales se iluminan los 2 hemisferios cerebrales, provocando de esta forma un bloqueo o una carencia de miedo y remordimiento, y una necesidad psicológica de recibir castigo, lo que los hace fríos emocionalmente y especialmente ludopáticos en el sentido de direccionar su vida  al riesgo y lógicamente a la delincuencia.

En síntesis, podríamos concluir que la amígdala en los psicópatas es hipo-activa, lo que hace que no cumpla adecuadamente el sistema de alarma para la cual fue hecha, es decir, es un productor central de mecanismos que desencadenan las estrategias básicas de sobrevivencia, para ayudarnos cuando por uno u otro motivo nos sentimos amenazados. De esta forma, el psicópata no huye, ni  se apacigua  fácilmente, sino que lucha y ataca en muchos casos asumiendo altos riesgos, pero lo paradójico es que lo hacen con un grado de creatividad e inteligencia alta que hacen que estos delincuentes puedan estar muchos años delinquiendo sin estar procesados, debido a su frialdad y a los mecanismos de engaño que utilizan, que hacen que muchos de ellos se solapen en actividades cotidianas como los puestos gerenciales por solo ubicar un ejemplo. Al respecto un estudio de la Oxford psicologists (1996), demostró que cada uno de seis gerentes tenía trastornos de personalidad relacionados con las problemáticas analizadas.

 

 

El córtex frontal y las conductas sociales

Para comprender el funcionamiento de la corteza frontal y su relación con las conductas violentas, se hace indispensable traer a mención el caso de Phineas Gage (1848), un obrero capataz ferroviario, el cual dirigía un equipo de demolición, y en el momento de hacer explotar una ladera de una montaña en Estados Unidos, para instalar unas vías ferroviarias, tuvo un accidente fatal que le provocó una lesión irreversible en el córtex frontal; una barra de hierro de casi un metro de longitud, perforó su cabeza por debajo del pómulo del ojo izquierdo y salió por la parte superior del córtex frontal. Al respecto testigos del hecho afirmaron que simplemente cayó al piso y experimento algunas convulsiones, pero en muy poco tiempo se encontraba alerta y en uso de sus facultades racionales. Lo sorprendente de este hecho es que los médicos pudieron constatar que no perdió sus habilidades motoras, ni tampoco se afectó su lenguaje, tenía plena memoria y recobró sus procesos cognitivos de una forma plena. No obstante es necesario precisar que a pesar de no haber cambiado los aspectos anteriores, su personalidad y su vida psíquica, si originó grandes cambios. Para el Dr. John Harlow “Este paciente ha perdido el equilibrio entre su facultad intelectual y sus propensiones animales” (citado por Dispenza, 2007 p.342).

Este obrero antes del accidente tenía muchas habilidades físicas y admirables rasgos de personalidad, era inteligente, sensato, ético, cumplidor del deber y respetuoso con sus compañeras. Sin embargo, posterior al accidente dicho obrero se volvió irresponsable, impulsivo, agresivo y altamente irrespetuoso con sus compañeras de trabajo. Hay que decir que 161 años después, algunos neurólogos actuales han podido aislar las regiones cerebrales del córtex frontal que originó el cambio de la personalidad de Phineas Gage  inclusive se ha reconstruido la lesión de  Gage a través de la tecnología de neuroimagenes, demostrando que se había dañado la parte interna de ambas cortezas frontales.

 

Actualmente estos estudios han evidenciado que el daño en esta zona origina problemas relacionados con la impulsividad, la agresión, el estrés, con  la frustración y con la desesperanza que son el detonante para que fácilmente existan conductas delictivas o violentas. Para la neurociencia de la última década la región del córtex frontal, básicamente se encuentra  diseñado para ser el refugio de la cognición, del pensamiento de alto nivel, para los procesos de planeación a largo plazo, es decir es una zona de control ejecutivo de la mayoría de los procesos cerebrales más desarrollados a nivel evolutivo, también se encarga de regular la agresión y los impulsos violentos cuando las señales neurocerebrales que van desde el tálamo a la amígdala, se desvía al córtex frontal para generar procesos relacionados con la racionalidad, la lógica, la ética, la moral y la conciencia humana. Recordemos que para Rodolfo Llinás la conciencia es producto del diálogo y que existe entre el tálamo y el córtex frontal, mediado por los sentidos. Por otra parte para Joe Dispenza, “el lóbulo frontal es responsable de las elecciones y acciones conscientes, voluntarias, intencionales y deliberadas que llevamos a cabo innumerables veces todos los días. El lóbulo frontal es como un director frente a una inmensa orquesta. Tiene conexiones directas con todos las otras partes del cerebro, por lo tanto controla como opera el resto del cerebro” (citado por Dispenza, 2007:349).

Otras de las funciones que competen al lóbulo frontal y es de mucha importancia, es que logran inhibir la conducta ocasional a través de un proceso que la ciencia lo denominan control del impulso, el cual impide que nuestras acciones sean llevadas a cabo, lo mismo que nuestros pensamientos sin pensar en las consecuencias. Esta es la razón por la cual los adolescentes  delictivos y no delictivos sean demasiado impulsivos, debido a que el lóbulo frontal se madura neurológicamente a los 25 años de edad. En la adolescencia no solo los sujetos son inundados por una cascada de hormonas, sino que también los adolescentes carecen de los tipos de control del impulso que tienen los adultos. Lo anterior también incide en los procesos cognitivos complejos. En palabras de Punset (2008) “Actualmente un 15% de adolescentes desarrolla conductas violentas. Las razones son múltiples y complejos, pero la ciencia ya puede demostrar que las lesiones cerebrales producidas a la infancia están en base de buena parte de ellos”  

 

CARLOS ALBERTO JIMÉNEZ V.

Magister Comunicación y Educación

PHD Profesor Titular Universidad Libre Seccional Pereira