Matías, el vendedor. Una aproximación topológica y situacional | Julio Cavalli [Grafología]

05.04.2013 09:43

Tarde lluviosa en Belgrano, un barrio de Buenos Aires. Juramento y Cabildo, exactamente. Cerca de la Redonda.


Un café de por medio con dos queridos amigos: el director de teatro Carlos Rapolla y el escritor César Melis. Distendidos, conversábamos sobre las actividades culturales de la Fundación Soldi de la cual los tres participamos.


Como en todos los bares de nuestra querida ciudad, los vendedores ambulantes siempre están presentes. Esta vez llegó a nuestra mesa un nene de 8 años - Matías - vendiendo lapiceras. Le compramos varios juegos.

 

Para demostrar que su producto era bueno nos dice: "Dame una hoja y te muestro que bien escriben". Y nos dibuja el gráfico que adjunto.


Si bien es muy doloroso ver a un chico de 8 años  trabajando y sobreviviendo en la calle, esta angustia se potencia cuando somos capaces de "leer" grafológica y existencialmente  su "aquí y ahora".

 

Permítanme fundamentar esta angustia.

(I)

 

Nuestro cuerpo se halla en un espacio. Lo que escribamos dentro de dicho espacio guarda relación con nuestro propio yo y con la forma de relacionarnos con él. El espacio gráfico resulta la metáfora más clara de lo que expreso.

 

El espacio vital siempre incluye al sujeto y su ambiente psicológico, es decir, aquella parte de su ambiente físico y social con la que está comprometido en la coyuntura momentánea.

 

El espacio vital no representa a los objetos físicos como tales, sino como relaciones funcionales y simbólicas. Por lo tanto, incluye no sólo los objetos percibidos, sino también la memoria, el lenguaje, el mito y las predicciones. El universo psicológico total en el que vive un individuo radica en una continua serie de “espacios vitales” que se van superponiendo.

 

La conducta para la psicología del campo implica siempre una marcha psicológica, producida por tensiones internas del “espacio vital”. Y el “espacio material”, cualquiera sea, siempre ha de representar el Mundo en que la persona se desenvuelve interactuando con el medio. Asimismo, lo plasmado en ese espacio, será la proyección de su vida interior, de su propio espacio vital.

 

En palabras del Dr. Pedro D’Alfonso el espacio material deviene ineludiblemente en espacio psíquico:

 

“El espacio es un sistema coordinador de muchos factores que actúan sobre determinadas conductas. Representa una entidad donde se organizan los aspectos gésticos, afectivos e intelectuales de la personalidad. El espacio es un estímulo pasivo que condiciona la expresión del sujeto. La actitud frente a la actividad gráfica es un reflejo de la actitud frente al mundo circundante”[1]

 

Y Jaime Tutusaus agrega:

 

“La hoja en blanco es un espacio libre, tangible, sin formas, el cual expresa y simboliza en tamaño y forma reducidos una especie de microcosmos del ambiente y de la naturaleza abierta, o sea, un espacio vital poblado de personas, cosas, elementos de  la naturaleza, así como de "peligros ignotos" y "fantasmas". Por consiguiente, es un espacio a ocupar y/o conquistar mediante energía y tiempo y ejercer acciones o actos de expresión activa, verbal y creativa.

También la hoja en blanco representa, de acuerdo con lo precedente, la sociedad con sus normas y un campo de lucha donde se manifiesta la confrontación,  las resistencias de la realidad, el presentimiento de obstáculos y la defensa del Yo contra la angustia, de ahí que el sujeto se instale (espacios gráficos ocupados) en las zonas en las que se sienta seguro, evitando incursionar o "residir" en zonas de la "superficie vital" del papel en que se presientan o se experimenten conflictos angustiosos presentes, pasados o futuros”.[2]

 

 

(II)

 

Matías, nos regala su dibujo espontáneo. No hay ninguna influencia del medio para que lo haga. Esto permite mayor objetividad y lugar a un surgimiento del inconsciente y sus conductas defensivas.

 

Para él (descartamos todo tipo de verbalizaciones del nene) este dibujo solamente nos muestra la calle, el cielo, los autos, los semáforos, los peatones...

 

Sin embargo, lo que Matías nos ofrece es la plena representación de cómo habita su mundo, cómo interactúa con el medio, cómo se relaciona, cómo lo conoce, cómo lo posee, cómo lo vive desde sus 8 años.

 

En la hoja en blanco que le dimos, Matías proyectó las presencias que forman parte de su vida y de su historia personal. Le dio cuerpo y con ellas organizó su propio universo.

 

César y Carlos, mis amigos presentes,  me preguntan: “¿Cómo es su mundo?”

 

El mundo de Matías  - les contesto - no es muy positivo ni feliz, lamentablemente.

Veamos qué fantasmas moran su universo, qué temores lo recorren, de qué forma habita y puebla, Matías,  su mundo...

 

(III)

 

Partiendo de la teoría de la simbología espacial y de la metodología  topológica, podemos inferir el actual espacio vital de Matías.

 

Desde una rápida mirada gestáltica, la composición de su dibujo habla de un pensamiento predominante secundario, no sincrético, donde hay relación lógica de los elementos entre sí.  El dinamismo de Matías, tanto desde los positivo (actividad, iniciativa, capacidad de adaptación) como desde lo negativo (inquietud, impulsividad y actividad sin razón o incoherente) está bien marcado, señalando su moderada actividad interior, a pesar de que - a diferencia de la letra manuscrita- todo dibujo es siempre, expresivamente, estático.

El tamaño del dibujo y la claridad del mismo hablan de un Matías con buena relación interpersonal y disposición frente al mundo, pero con algunas alteraciones, específicamente de sentimientos no discriminados.

 

Sabemos que el centro de la hoja es siempre el Yo en el presente. Y desde este “yo-presente”, Matías se relaciona consigo mismo y con el mundo. Desde este “yo-aquí-y-ahora”, Matías organiza su actividad y concretiza - como puede y no como debe - sus ideas, actividades y deseos. Esto nos da cierta tranquilidad (lo que no quiere decir que “tranquilice” nuestra consciencia): su Yo - en el hoy -  no está des-centrado. Si lo estuviera nos encontraríamos con un proceder conductual disociado más las sobredimensiones y reducciones que estas dos amenazas implican para su espacio vital.

 

Sus características afectivas presentes y relacionadas con su Yo están desarrolladas y activas: el amor, el cariño, la esperanza... pero también la tristeza, el odio, la angustia y la inquietud.

 

Avancemos - como propone la teoría topológica -  de forma centrífuga para poder explorar otras dimensiones de Matías a partir de las cuales podemos ver la forma que utiliza para retroalimentarse dentro de su espacio vital, reforzando o debilitando los sentimientos atados a su Yo.

 

(IV)

 

Recordemos  algo de la teoría espacial.

 

La zona derecha – pocas veces se dice – en la teoría del espacio simboliza el Este. Por el este sale el sol, se hace presente y como decían los incas se convierte en Padre Sol, “dador de vida y de salud”.

 

La zona izquierda es la simbolización del Oeste, del ocaso, del crepúsculo, de la postrimería. Es el vector de la contemplación, de la intimidad, de los miedos y las luchas internas.

 

Siguiendo con la mirada topológica desde el centro, y siempre en forma radial, partimos hacia la derecha donde el espacio vital de una persona se relaciona con la inter-comunicación, con las relaciones vinculares, con la familiaridad, con la amistad, con el mundo social.

 

Y si nos dirigimos a la izquierda, siempre desde el punto del Yo central, incursionamos en el mundo de la abstracción, el comedimiento,  la introversión, la reflexión, las vivencias íntimas, los aspectos más primarios de nuestro Yo.

 

Si levantamos la mirada hacia el Norte, hacia la zona superior, entramos en el mundo de la actividad mental, de la imaginación, la ensoñación, los proyectos trascendentes, la vida mística y ascética. Pero también nos ponemos en contacto con la despreocupación, la carencia de practicidad y las distracciones de una persona. En nuestra mirada topológica siempre la zona superior - positivamente hablando -  señala la voluntad de un individuo  para desarrollarse, “elevarse”, “desplegar sus alas”, vencer obstáculos, integrarse, lograr objetivos y ambiciones válidas y genuinas del mundo ético, espiritual, estético y creativo. Caso contrario  - negativamente hablando -  puede también señalar un espacio vital enajenado, descansando en un mundo ilusorio, maníaco, fatuo, omnipotente o fantasioso.

 

Y si bajamos hacia el Sur, hacia los cuadrantes inferiores, el cuerpo con todas sus necesidades, carencias, cuidados, virtudes, preocupaciones, tradiciones, apegos, manejos prácticos y económicos, se hacen presentes.

 

(V)

 

Lamentablemente Matías, carece de muchas de estas ambiciones que hacen al desarrollo de un sujeto. No hay trascendencia en su vida. Su mundo no prioriza la moral, la mirada ética ni la espiritualidad. Tampoco lo educativo, lo cultural o lo intelectual. Su producción muestra el vacío de proyectos y de valores trascendentes. Y esencialmente la carencia de la autoridad paterna. Un indicador claro que deja traslucir es cómo esta carencia familiar se convierte en modelo de su conducta social.

 

Dos aspectos - propios de la infancia - predominan en él: la mirada estética, la creatividad, la imaginación, el ideal de familia, los sueños... Las curvas presentes como nubes, como agujeros, nos revela cómo las emociones interfieren en su mundo intelectual, no pudiendo cerrarlo en forma efectiva y dando lugar a un enorme vacío e incompletud. Siempre las nubes son indicadores de interrogantes, aspiraciones y potencialidades.

 

La zona media es la más intensificada por Matías. Como “vendedor” las relaciones inter-personales son muy representativas para él.

 

Las únicas personas que dibuja Matías se encuadran en la zona izquierda del ocaso y en plena área emocional y afectiva. Nos está expresando inconscientemente sus fuertes retraimientos, sus aspectos regresivos más visibles,  sus inhibiciones, la vigencia del principio del placer y  la predominancia de las relaciones objetales.  

Estas relaciones objetales y las necesidades de dependencia son de vital importancia en el desarrollo del ser humano; depende de cómo sean resueltas, el niño podrá construir un complejo de Edipo sano, en el que el sujeto percibe a la familia como una tríada formada por padre, madre e hijo, posibilitando el logro por parte del individuo, de alcanzar un sentimiento de identidad individual.

 

La zona inferior, debe ser el feliz encuentro del sujeto con lo preciso, con lo natural, con la practicidad, con el universo de los objetos, con sus propias necesidades. Pero muchas veces ese encuentro deviene en una actitud materialista, depresiva o alejada de los ideales y proyectos de elevación y superación. Hay un fuerte vacío vectorial que indica las necesidades básicas, materiales e inmediatas no satisfechas de Matías.

 

Otro aspecto doloroso en su vida es el no saber lo que significa realmente el mundo lúdico, los espacios de entretenimiento, de recreación y juego. Vacío y blancos absolutos predominan en esos vectores. Tampoco hay indicadores de hiperactividad en Matías.       

 

No surgen, en su producción gráfica, fijaciones en el área genital y sexual, lo que permite inferir  - con un alto nivel de probabilidad - que no ha sido abusado. Tampoco Matías tiene mucho interés en este aspecto evolutivo.

 

Si nos acercamos lentamente desde el cuadrante inferior central  hacia el  izquierdo notamos su preocupación casi obsesiva por el aspecto económico, mercantil, pragmático. Su prioridad es “vender” por la venta misma, sin ninguna preocupación por la coherencia o combinación intelectual entre el pensamiento y la acción. Desde una mirada psicoanalítica este vector también refleja las carencias primarias maternas y las insuficiencias de contención, cariño  y sostén.

 

Lógicamente que hay algo que nos llama poderosamente la atención. Primero, desde el sentido común, luego desde lo hermenéutico: la dirección del dibujo.

 

Todo andar, todo discurrir debería ser progresivo. Es la mirada al este, al futuro, a la zona derecha de nuestro espacio gráfico. Una regla metodológica aplicable a toda topología que va en la búsqueda de nuevos horizontes, de nuevos proyectos, de nuevas experiencias, de nuevos cambios positivos para nuestras vidas. Incluyendo - en este caminar - la posibilidad de desconectarnos de nuestro pasado, de nuestros orígenes, de  nuestra propia historia.

 

El discurrir o andar regresivo, hacia el ocaso, el crepúsculo, la zona  izquierda es muchas veces positivo ya que - con una buena Gestalt - nos muestra intimidad, una vuelta a nuestros orígenes, a recrear felizmente espacios de nuestra propia historia personal.

Matías – lamentablemente – no lo vive así. Su dibujo regresivo, grita a los cuatro vientos su asilamiento, su componente repetitivo de conductas, sus miedos, angustias y desasosiegos, su necesidad de someterse para sobrevivir, su adaptación a lo rutinario.

 

Si hablamos de movimientos dialécticos en lo topográfico lo ideal sería que Matías generase su propia dialéctica homeostática: un ir hacia el futuro para concretar un proyecto de vida sin olvidar su pasado desde donde se conectaría con lo que más lo ha nutrido  y enriquecido. Pero esto - en su aquí y ahora -  es imposible para Matías.

 

Su Yo central necesita cambiar la trayectoria hacia algo que desconoce: un proyecto de vida. Todo proyecto mira obligatoriamente hacia el Este, hacia el futuro. Matías solamente puede ver su crepúsculo. Su vivencia ha sido alertada.

 

Matías – desde esta mirada topológica – necesita modificar su espacio, encontrar su territorio, su lugar digno en el mundo y fundamentalmente,  su zona de arraigo. 

 

Gabriel Marcel decía que exponemos lo que tenemos y revelamos lo que somos. Matías expuso en su dibujo lo que posee sin saber que nos estaba revelando su verdadero ser. A través de su producción gráfica él pudo poner fuera de sí su subjetividad  y  nosotros - gracias a la hermenéutica grafológica -  acercarnos  situacionalmente  a su persona, su estructura de personalidad y  su organización del Yo.

 

Julio Cavalli
 

 


[1] D’Alfonso, Pedro. La personalidad humana en los símbolos gráficos. Buenos Aires, 1996.

[2] Tutusaus, J. “El fenómeno gráfico”. Boletín N° 32 de la Asociación de Grafoanalistas Consultivos de España. Barcelona. Primer semestre de 2004.

 

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