El caso de Bárcenas.Los Peritos Caligráficos y los Grafólogos en el candelero | Amparo Botella | Grafología

07.02.2013 19:49

 

Hace unos días, El PAIS nos sorprendía en el desayuno con la publicación de unos documentos que probarían la existencia de una contabilidad B en el PP. Esta especie de doble contabilidad en 14 folios de papel pautado se presentó en las páginas del periódico a los ciudadanos juntamente con el análisis realizado por un perito calígrafo que consideraba que con un 80% de certeza, las anotaciones contables provenían de la mano del antiguo tesorero del partido, el encausado Bárcenas. El restante 20% de incertidumbre quedaba resguardado por el hecho de haber realizado el cotejo sobre fotocopias. Más tarde, Telecinco, entrevistaba a otra grafóloga de la misma asociación, quien corroboraba esta opinión descartando que la escritura fuera “una imitación de la letra del extesorero”.

Rápidamente se desataron los ánimos y las cadenas de radio, las televisiones, los periódicos empezaron la caza del grafólogo o del perito calígrafo, a la que no hemos sido ajenos, para ratificar o desmentir la noticia. Las redes sociales ardían. Y de ahí en adelante, los comentarios que han surgido en torno al caso son de todos los colores. Pero es que hemos oído bastantes insensateces, por ejemplo, grafólogos que hablaban de la presión y de elementos de la continuidad como los reenganches, analizando una fotocopia. O refiriéndose a la deshonestidad evidente en la escritura de Bárcenas, junto a otras características de personalidad. La bomba la ha lanzado un “grafopatólogo” que afirma que con una certeza del 99% los papeles son de la mano de Bárcenas porque provienen de la mano de un hombre “entre los 40 y 60 años, con algo de tensión alta, que padece una hernia de hiato, y con ciertos problemas de atrofia en la próstata”. Además, como los escritos tienen unas fechas que abarcan unos veinte años, el experto afirma, “a lo largo de 20 años, el individuo sufre una serie de cambios en su personalidad”, cosa que agradecemos nos aclare dados nuestros escasos conocimientos en Psicología, y al parecer estos cambios, que deberían ser evidentes en la escritura, no se aprecian en las anotaciones contables en litigio. Y para remate, un estudio matemático revela que el documento podría ser un montaje, pues los números no se ajustan a la “norma matemática, también conocida como la ley del primer dígito”.

Todo la vorágine de notas de prensa y radio en torno a los peritos y los grafólogos nos hacen reflexionar sobre diversas cosas.

La primera, la imagen bastante pobre que se está dando al país de estas profesiones, con dimes, diretes, desmentidos, añadidos: que si son, que no son, que el análisis de fotocopia no es fiable, que sí lo es en ciertas condiciones; que hay que ver la tinta y el papel, que la datación química absoluta es imposible, que veamos si todo viene del mismo bolígrafo; que puede ser un montaje; que si hay quien dice que “puede datar temporalidades con 48 horas de diferencia”. Y pera remate, mezclando elementos de grafología, de peritaje caligráfico y documentoscópico, y de grafomancia. Realmente, parece que hay muchas personas deseando su poco de celebridad, pero desde el rigor y la seriedad que nosotros proclamamos y ejercemos, no dejamos de preguntarnos ¿Cómo atreverse a hacer afirmaciones categóricas de un documento en copia? ¿Cómo atreverse a considerar indubitado un documento que no lo es? ¿Y cómo se pueden basar las conclusiones en la comparación de dos documentos dudosos?

Y esto me lleva a la segunda de las reflexiones. La confusión evidente sobre dos especialidades muy diferentes de estudio de la escritura manuscrita. Si ambas disciplinas, la pericia caligráfica y la grafología, estudian la escritura para identificar a su autor, lo hacen con diferente método porque el fin es también diferente. En efecto, el peritaje caligráfico identifica mediante la comparación, pues lo que busca dilucidar es si una escritura está hecha del puño y letra de una persona determinada de cuya escritura manuscrita original se dispone. Mientras que la grafología identifica la personalidad del autor, como ser único e incomparable, infiriendo conductas a partir de la conducta gráfica y de las distorsiones que el que escribe ha hecho del modelo de escribir aprendido. Y lo hace porque la escritura es polisémica, no es únicamente un fonema hecho grafema. Tiene carácter supralingüístico y su propia simbología apoyada en su valor expresivo de la psicomotricidad, su valor proyectivo en cuanto materia que ocupa el espacio hoja de papel, y valor representativo en cuanto el que escribe le da unas formas que causan una impresión determinada en el receptor de lo escrito.

La tercera de mis reflexiones proviene del enorme movimiento mediático que todo esto ha generado. Ya han salido los grandes defensores del peritaje caligráfico que dicen es CIENCIA, y los grandes detractores de la grafología que afirman es MANCIA (y para corroborarlo, una cadena de televisión ha montado un show que la ridiculiza, en vez de organizar un debate de altura). Lo que es inexacto pues ambas disciplinas se valen de un método de observación científico.

La primera, no precisa interpretar, sino calibrar en base a las semejanzas y sobre todo, en base a las diferencias. Por tanto sus conclusiones son, podríamos decir, planas. La segunda precisa realizar ese trabajo de interpretación de lo observado. No concluye, sino que infiere, y ahí entra en juego la capacidad, la competencia, la experiencia, y, porque no, en algunos casos la subjetividad de quien realiza esa interpretación. Sus conclusiones están llenas de matices porque, entre otras cosas, van dirigidas a una persona interesada en conocer cómo se expresa su personalidad en la huella gráfica.

Y para terminar, más que una reflexión, una llamada. Ya hace tiempo que clamamos porque los estudios de ambas disciplinas sean reglamentadas. No se puede consentir que haya peritos calígrafos que terminen sus estudios sin haber visto un microscopio en el laboratorio, sin haberse manchado las manos con una cromatografía, sin haber manejado luces y filtros. No podemos consentir que haya grafólogos que no tengan una base de Psicología general, de Psicología de la personalidad y de Psicología del desarrollo, que ejerzan de aprendices de brujo, y que ensombrezcan el trabajo riguroso de quien hace un trabajo digno y útil. Quizá, todo ese griterío mediático sirva para que las autoridades competentes valoren la necesidad de regular las profesiones relacionadas con la escritura a mano. Si, si, a pesar de que la tecnología invade nuestras vidas….

 

Amparo Botella  

Presidenta del CHFG

Nota: Se agradece la divulgación por cualquier medio.