Los enunciados básicos de Popper II | Filotécnica [epistemología]

21.12.2012 16:11

 

En la primera parte de los enunciados básicos de Popper vimos como su epistmología estaba caracterizada por un empirismo positivista y un racionalismo crítico. Es decir, para distinguir ciencia de pseudociencia hay que definir de manera concreta qué es la experiencia. Qué es la realidad y qué entendemos por conocer la realidad.

Para Popper no existen proposiciones universales extrapolables a partir de la experiencia, y tampoco cree que el mundo está ahí para  nosotros de una forma pasiva. Nosotros construimos el mundo.

Una teoría explica el mundo, pero nunca será verdadera en sentido estricto, ya que las teorías sólo pueden ser falsadas. Cuanto más intentos de falsación resista una teoría más robusta se hace, pero eso no significa que sea verdadera, tan sólo que no hemos encontrado  un hecho empírico que la refute.

Continuaremos analizando un poco más el pensamiento de esta gran filósofo de la ciencia.

 

Ciencia y experiencia

Las relaciones lógicas sólo se pueden dar entre enunciados, por lo que es imposible pretender la fundamentación lógica de enunciados por algo que no son enunciados, o sea, por experiencias. Pero entonces, es imprescindible definir aquí qué se entiende por experiencia.

La supuesta experiencia que nos proporciona conocimiento solamente hace tal cosa en la medida en que se afirma un enunciado que describe el hecho. Pero este enunciado, ya por serlo, trasciende la observación empírica, inmediata. En realidad, toda observación está mediatizada ya por la teoría, de modo que las observaciones perceptivas puras son imposibles. Así pues, la experiencia no consiste en la acumulación maquinal de teorías, sino que ella misma es el resultado de decisiones y de interpretaciones libres.

Los hechos aparentes de la experiencia son siempre interpretaciones a la luz de teorías, por lo que tienen el carácter hipotético o conjetural de todas las teorías.

En conclusión las observaciones – y, más todavía, los enunciados de observaciones y los resultados experimentales – son siempre interpretaciones de los hechos observados realizadas a la luz de las teorías.

La cuestión de por qué conocemos precisamente mediante un sistema de enunciados aceptados convencionalmente, la cuestión de por qué esta metodología nos garantiza un conocimiento empírico válido no sólo formalmente sino realmente, es una cuestión que sólo puede resolverse mediante la fe metafísica en la inmutabilidad de los procesos naturales: “El método científico presupone la inmutabilidad de los procesos naturales o el principio de uniformidad de la naturaleza”.

 

Probabilidad y corroborabilidad

Una teoría que se ha tratado de falsar pero que no ha quedado falsada no muestra, en principio, contradicción con los hechos, pero no se la puede dar por verdadera sin más al no saberse si no resultará falsa en el futuro.

Además, al ser un enunciado universal no puede ser nunca definitivamente verificada, sino que siempre seguirá siendo una conjetura provisional. Es preciso, pues, cambiar el concepto de verdad por el de probabilidad. Entonces, al atribuir una probabilidad a una hipótesis estamos haciendo una evaluación de la misma que puede ser verdadera o probable.

Sin embargo, si se vuelve a atribuir una probabilidad a este principio, entonces estaremos en un regreso al infinito; y si, por el contrario, se le atribuye la verdad, entonces nos enfrentamos con el dilema de elegir entre la regresión infinita y el apriorismo.

O sea, no sirve la lógica inductiva para caracterizar una hipótesis cuando ésta ha sido contrastada con la experiencia y ha resistido la prueba. No podemos decir de ella que sea verdadera y ni siquiera podemos decir que sea probable. Lo único que podemos decir es que está más o menos corroborada.

Para Popper, que una teoría esté corroborada implica sólo que tal teoría es aceptable de manera provisional. En suma, decir que una teoría está corroborada cuando es refutable pero no ha sido refutada a pesar de nuestros intentos, es decir que hemos terminado aceptando una serie de enunciados deducibles de ella y hemos tomado esta decisión porque estos enunciados no eran deducibles de nuestro anterior conocimiento fácilmente falsable. Estas condiciones sólo garantizan que la ciencia no se detenga, no explican que aumente nuestro conocimiento.

 

El mundo 3

La epistemología de Popper se aproxima, en cierto modo, a las concepciones del neodarwinismo, suponiendo un cierto evolucionismo como concepción metafísica general de base. El desarrollo de la ciencia se produce, pues, del modo siguiente:

 

1.       Los científicos inventan y someten a prueba las teorías destinadas a resolver problemas que se plantean a partir de teorías existentes.

2.      Entre las teorías se produce una competencia que viene a ser como una lucha por la supervivencia: unas teorías son eliminadas, bien porque no sobreviven a una prueba de falsabilidad, bien porque las sustituyen otras teorías más poderosas capaces de resolver más problemas.

 

El conocimiento científico es relativamente autónomo respecto de los individuos: no está inscrito en el genoma ni en el cerebro, sino que está en los libros y las bases de datos, disponibles para las nuevas generaciones, que continuarán desarrollándolo a través de la invención y la crítica.

Este conjunto de conocimientos progresivos constituye lo que Popper llama el «Mundo 3»: una producción específicamente humana por medio del lenguaje. Es el mundo de los problemas y de las hipótesis teóricas.

 

La apuesta por un racionalismo crítico

Popper invita a abandonar la ilusión de que es posible encontrar puntos de referencia últimos en los que basar nuestro saber. Y propone una actitud racionalista crítica que acepte que cualquier teoría es provisional, revisable y superable.

Por tanto, Popper se sitúa ya en la actitud de desimplicación propia de la postmodernidad, que no ve en la filosofía la empresa de fundamentación de las ciencias, tal como en la tradición moderna, desde Descartes hasta Husserl y el positivismo lógico, se había considerado. Para Popper, lo que importa no es la fundación de la ciencia, sino su desarrollo.

 

Optar por la razón no es ella misma una cuestión racional sino una decisión de la que sólo podemos decir que da buenos resultados, pero no que sea lógicamente necesaria a priori.

 

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