Cómo nace la carrera oficial de Grafología en la República Argentina | Julio Cavalli [Grafología]

11.02.2013 23:27

 

En el año 1929, un grupo de profesionales de enorme prestigio intelectual, fundan en Buenos Aires la Sociedad Argentina de Grafología. El acto académico por el cual se inauguraba la Sociedad se realiza, no privadamente, sino de manera pública y en uno de los lugares más respetados por la comunidad científica argentina: el aula magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

 

El decano de la misma, el Dr. Julio Iribarne, no solamente integraba la primera Sociedad Grafológica Argentina, sino que también es el responsable del discurso inaugural de la misma.

 

Esta primera Sociedad, estaba formada, entre muchos otros, por Federico Aberastury, Benjamín Villegas Basavilbaso, Arturo Maraso, Alfreso Seguers, Guillermo Nuñez, Pierre Janet,, Julio Iribarne, Juan Carlos Landaburu, Nerio Rojas, Lidio Mosca, José Oría, Alberto Giusti, Alfonsina Elizalde, Bernardo Houssey, José Belbey, Pablo Pizzurno y Arturo Capdevilla.

 

A medida que el tiempo avanzaba, la Sociedad no se destacó como institución frente a la comunidad científica argentina, pero sí sus integrantes quienes empezaron a realizar importantes trabajos de investigación, grandes intercambios culturales y científicos con Europa y publicar gran cantidad de artículos y algunos libros de excelente nivel científico.

 

Rescatamos una persona: el Dr. Fecerico Aberastury. Incansable investigador, docente, conferenciasta que fundó un centro de vital importancia en Buenos Aires, hoy, lamentablemente, desaparecido: el Instituto Argentino del  Carácter.

 

En Educación, la figura de la Profesora Laura R.Cotta de Varela, fue de vital importancia al escribir en 1957, un pequeño libro titulado “La grafología en la escuela primaria” y publicado por la Revista del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.

 

Otra figura representativa de la Grafología Científica Argentina fue el Dr. Pedro D’Alfonso, fallecido en 1996. El doctor D’Alfonso ha gozado y goza del mayor de los respetos por la comunidad científica grafológica argentina. Su obra ha trascendido los límites de nuestro País, siendo sus libros y artículos estudiados en muchas partes del mundo. Fue un científico enamorado de la grafología, un maestro en todo el sentido de la palabra. Docente de la Universidad Católica Argentina, sus obras fueron publicadas y son reeditadas permanentemente. A nuestro entender, el mayor y el mejor de los grafólogos argentinos.

 

Otros dos investigadores que ha trascendido la República Argentina por sus investigaciones, fueron los profesores Curt Augusto Honroth y Angel Zarza. Ambos trabajaron por muchos años en el Hospital Nacional Neuropsiquiátrico de Hombres de Buenos Aires, publicando varios libros grafológicos, especialmente sobre grafología emocional objetiva. Honroth, fallecido en 1966, fue el continuador del austriaco Rafael Schermann, ambos científicos de la escuela emotiva.

 

Otro importante investigador, muy conocido en países de habla hispana, es el Dr. Amado J.Ballandras. Fundador del Instituto Superior de Humanidades y del Instituto de Antropología Médica, el Dr. Ballandras, ha hecho extraordinarios aportes a la grafología, especialmente en el campo de la Grafopatología. Por mucho tiempo fue jefe de equipo de investigación sobre cáncer de la Sala de Oncología del Hospital Rivadavia, dirigida en ese momento por el Dr. Pereyra Quintana y colaborador en los servicios de rehabilitación del Hospital especializado “maría Ferrer” dependiente del Ministerio de Salud Pública de la Nación Argentina.

 

En 1972, la escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense de Madrid, a través del Dr. Bonifacio Piga, en ese momento Vicedacano en ejercicio del Decanato de la misma, invita al Dr. Amadeo Ballandras a disertar, dentro del marco del Intercambio Hispano Argentino, sobre Grafopatología y Grafoterapia, frente a un auditorio que nucleaba a los profesionales de España, Argentina, Italia y Francia.

 

Los profesores Augusto Vels, Mauricio Xandró, Silva Ras y Angelina Ladrón de Guevara serán los encargados de darle la bienvenida a España.

 

Es interesante señalar que el Premio Nobel de Literatura de 1969, el español Miguel Angel Asturias, en un artículo publicado en el diario ABC de Madrid el 28 de junio de 190, titulado “Ciencia Nueva”, hace una referencia encomiástica a la Grafología argentina, especialmente al Dr. Amadeo Ballandras.

 

En 1971,1972 y 1973 se realizan en Buenos Aires el Iº, IIº, IIIº  Congreso Internacional de Grafología respectivamente. Auspiciados por la Dirección General de la Ciudad de Buenos Aires, grafólogos de Argentina y del exterior participaron de los mismos, algunos como oyentes y otros como expositores.  Señalamos la presencia en esos Congresos de dos grafólogos argentinos de enorme respeto y prestigio: el ingeniero Marcos Kellerñevich, representando a la Unviersidad Nacional del Sur, al al Dr. Francisco Bretones, representante de la Unviersidad Católica Argentina.

 

Llega el año 1981. La grafología seguía creciendo en la República Argentina.

 

Muchos grafólogos hacían escuelas, formando excelentes profesionales. La Profesora María Elina Echevarria, quien viviendo en Buenos Aires, estudió muchos años con el Dr. Ballandras y posteriormente ejerció como docente en España, específicamente en Madrid, es un ejemplo de ello.

 

Pero a pesar de los avances y las investigaciones, la grafología no accedía al claustro universitario de manera sistemática. Es decir: como diplomatura o carrera de grado.

 

En ese año de 1981, un grupo de grafólogos argentinos que buscaban proteger a la grafología científica de los que pretendían hacer de ella un juego de salón o una especie de ciencia adivinatoria, crean en Buenos Aires una asociación a la que  denominan “Colegio de Graduados en Grafología de la República Argentina”. Esta institución que goza de todo nuestro agradecimiento y respeto, supo unificar a todos los grafólogos aficionados de la Argentina a través de un Tribunal de Ética quien controlaba el trabajo de los mismos, y dictaba cursos de capacitación y actualización permanentes.

 

Evidentemente, en el año 1681, al no existir la carrera oficial en la Argentina, la Inspección de Justicia de la Nación no objetó la denominación de “Colegio de Graduados” que presentará el grupo de socios fundadores, a pesar de que la palabra “graduado” hacía expresa referencia al nivel universitario.

 

En 1995, se inicia una etapa que bien puede denominarse histórica.

 

Es importante antes de continuar que hagamos una salvedad. En nuestro País, la carrera de Perito Grafólogo se encuentra separada de la carrera de Perito Calígrafo.

 

Esta última, Perito Calígrafo o Calígrafo Público Nacional según la universidad donde se curse, es una carrera técnica-universitaria de 2 años en la Universidad de Rosario, y de 3 años en la Universidad de Buenos Aires y en la Unviersidad del Salvador y 4 años en la Universidad de Morón. Las incumbencias profesionales del Calígrafo Público se encuentran regidas por la ley Nº20.243 del año 1973 y sn claras y precisas. El artículo 5 de la señalada ley expresa: “Son funciones específicas de los calígrafos públicos, en juicio o fuera de él, dictaminar sobre la autenticidad u origen de escritos, documentos, dactilografiados o impresos”. También son sus incumbencias ejercer la docencia en institutos primarios y secundarios, y universidades como profesores de Caligrafía y Dibujo. Por ende, las incumbencias del Perito Grafólogo excluyen esta función específica del Calígrafo: la de discernir, falsedad y/o alteración de documentos manuscrito.

 

En junio de 1995, Julio Garifo Cavalli presenta a la Dirección general de Educación de Gestión Privada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a través del Instituto Emerson, recién fundado por el mismo Cavalli, un Proyecto Experimental de la carrera de Grafología al ministerio de Cultura y Educación de la República Argentina para su aprobación y su puesta en marcha en 1996.

 

El Director General de Educación de ese momento, Profesor Jorge Bonapace, con mucha prudencia y objetividad analizó personalmente la propuesta y dispone que el Proyecto de carrera oficial de grafología sea estudiado, revisado, criticado y evaluado por el Departamento Técnico Pedagógico de nivel superior. Se designa a la Lic. Zulema García como supervisora del proyecto, y en febrero de 1996 se autoriza a implementar el Plan experimental de Grafología.

 

Antes de su aprobación el Proyecto fue elevado a diferentes Organismos para su consulta, inclusive al ministerio de Salud Pública de la Nación.

 

El 5 de agosto de 1996, el Director General de Educación, firma la disposición 887 por la cual incorpora al sistema educativo formal argentino la carrera oficial de Grafología a través de un Plan de dos años de duración, dividido en 4 cuatrimestres, con 27 asignaturas y una carga horaria semanal de 22 horas. Esta disposición es ratificada por el Secretario de Educación, la máxima autoridad educativa del Gobierno de la Ciudad de buenos Aires, por Resolución No. 204/98.

 

Este acontecimiento que hemos señalado como histórico por ser la Argentina el primer país del mundo en ofrecer una carrera grafológica con título oficial habilitante en todo el territorio nacional, recibió un maravilloso epílogo el 11 de diciembre de 1997, cuando egresó la primera promoción mundial de Peritos Grafólogos argentinos.

 

Se hicieron presentes en el Acto Académico representantes del Ministerio de Cultura y educación de la República Argentina: el mismo Secretario de educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no quiso estar ausente y nombró un delegado personal al Acto; Rectores de las diferentes Universidades del País; los Presidentes de los Colegios Públicos y de España el Dr. Mauricio Xandró, quien recibió el PROFESORADO UNIVERSITARIO “Honoris Causa” en Psicología por la Unviersidad de Flores y varias distinciones más.

 

Es decir, no sólo quedó incorporada la ciencia grafológica al sistema formal argentino, sino también que recibió formalmente, públicamente, el aval de toda la comunidad científica argentina y mundial ya que hemos recibido mensajes, adhesiones, faxes, correos electrónicos y cartas de todas partes del mundo felicitando a la Argentina, a los artífices del proyecto y al Ministro de Cultura y Educación por su acierto y su valentía al oficializar una carrera que sin ninguna duda debió estar en el sistema formal educativo del mundo hace ya muchos años.

 

Este reconocimiento oficial, tan postergado, ha permitido al sistema educativo formal argentino ser pionero en el contexto mundial, posibilitando ampliar y diversificar la educación superior, contribuyendo a la modernización de la misma accediendo a la legitimación de las demandas sociales emanadas del ámbito científico-profesional, léase de la salud, de la justicia, del sector productivo o del sector educativo.

 

Si bien Julio Cavalli ha sido precursor en la gestión e implementación del primer plan de Estudios de Grafología en el país y en el mundo, su concreción fue posible gracias a la conjunción de buenas voluntades, inteligencias generosas, organizadas al servicio de un proyecto visionario, con un profundo sentido social, científico y humanista.

 

Lógicamente que se presentaron dudas, ciertas resistencias al cambio de parte de un pequeño sector grafológico deseoso de seguir en el individualismo y el aislamiento, muchos miedos y ciertas mezquindades profesionales, lógicas, ante la irrupción de lo nuevo. Pero, a pesar de todo, se logró encontrar un equilibrio basado en la honestidad y el profesionalismo.

 

Posteriormente, en 1997 Julio Cavalli, como Representante legal del Instituyo Emerson presentó al ministerio de Cultura y Educación un proyecto de especialización en Grafopatología, Grafología Infantil y otro en Recursos Humanos. Las tres especializaciones fueron aprobadas por la Secretaría de Educación.

 

Indiscutiblemente la Grafología ha alcanzado un alto grado de desarrollo profesional y científico, haciendo del Grafólogo actual un profesional poseedor de una importante cultura especializada y académica.

 

Julio Cavalli