La Explicación de la Gravedad | Filotécnica [ciencia]

23.11.2012 10:52

 

A pesar de la perfección matemática de los Principia, los científicos contemporáneos de Newton apostaban a que su obra no era correcta. Me refiero al Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, publicado en 1.687. El mecanicismo era la filosofía natural ilustrada predominante en la época. Los mecanicistas, filósofos y científicos, pensaban que todo fenómeno era explicable mediante materia en movimiento. Y eso de que para explicar la gravedad no diera Newton ni una sola explicación mecanicista era una auténtica barbaridad, fallo garrafal asegurado. Las apuestas estaban casi todas en contra de Newton.

 

Decía alguién por ahí que una vedad primero era despreciada, luego combatida y finalmente asumida.

 

La explicación que daba Newton sobre la gravedad, les hacía recordar a los mecanicistas antiguas fuerzas ocultas de las que llevábamos siglos intentando huir con la razón y la ciencia.

No iban desencaminados del todo. Porque Newton era un hombre de Dios, y eso condicionó significativamente la evolución de su pensamiento científico.

 

 

El joven Newton era mecanicista

Es curioso porque el jóven Newton aceptaba el mecanicismo, aceptaba la existencia de un éter más o menos cartesiano. Pero sus estudios teológicos y alquimistas lo pusieron en presencia de poderosas fuerzas ocultas en la materia, que no eran mecánicas, sino inmateriales.

En 1675 envió a la Royal Society una “Hipótesis para explicar las propiedades de la luz de las que he hablado en mis diversos escritos” en los que recurría a un éter sutil (partículas diminutas) y raro (poquísimas partículas por volumen), cuya acción no depende de su masa inerte, pasiva y despreciable, sino  que es asiento material de fuerzas espirituales repulsivas a distancia. El éter consta de diversas partes susceptibles de dar cuenta de las diferentes interacciones eléctricas, magnéticas, luminosas, gravitatorias y demás.

Este éter circula por todo el cosmos, conectando las misteriosas y activas sustancias de las colas de los cometas con los arcanos laboratorios de las entrañas de la Tierra donde se engendran los minerales. La Tierra es un gran animal que respira éter para su renovación y fermento vital, siendo dicho éter su alma material.

Como hasta mediado de los (16)80 no concibió la grativación como una acción mutua, ésta circulación de éter podría dar cuenta de la gravedad.

 

 

Newton empieza a dejar de lado el mecanicismo

Otros modelos de éter para la refracción de la luz recurrían a un éter estático y elástico dotado de un gradiente de densidad. Este gradiente hacía que el éter fuera más denso en los grandes espacios vacíos del Universo que entre los planetas. Este era el tipo de conversaciones que Newton mantenía con Boyle en las cartas que se intercambiaban.

“Dios creó cierta naturaleza incorpórea que tiende a repeler a los cuerpos y a hacerlos menos concentrados”. Esta frase en concreto,  fue una de las primeras manifestaciones del abandono de Newton de la teoría mecanicista. Newton empezó a pensar, en lugar de materia y movimiento, en agentes inmateriales, carentes de inercia y capaces de actuar a través de los espacios vacíos.

Estas fuerzas inmateriales son ya los elementos importantes en el gobierno del Universo, según palabras de Newton, “en el mundo encontramos muy poco movimiento que no se debe a estos principios activos o al dominio de la voluntad”, y “de no ser por dichos principios, los cuerpos de la Tierra, de los planetas, de los cometas, del Sol y de todas las cosas que ellos se encuentran, se enfríarían y congelarían, tornándose en masas inactivas. Toda putrefacción, generación, vegetación y vida habrían de cesar y los planetas y cometas no permanencerían en sus órbitas”. La gravitación, por supuesto, sería uno de esos principios activos inmateriales mediante los que se ejerce el dominio de la voluntad divina sobre la naturaleza.

 

Sin embargo, hubo una época en la que a Newton incluso el éter raro le pareció demasiado material. El recurso a entidades distintas de la materia y más importantes que ella llevó progresivamente a minimizar la importancia y la cantidad de esta, sin espacios vacíos interpuestos. De ahí su famosa frase de que toda la materia del Universo cabría en la cáscara de una nuez.

 

Así se reforzaba el ataque al mecanicismo cartesiano, antesala del ateísmo por la autonomía otorgada al mundo material. Si la materia es inanimada, inerte y escasa, la actividad de la naturaleza depende de la acción de entidades espirituales a las órdenes del Gran Espíritu. Newton defiende frente a la identificación cartesiana de la materia con la extensión, que el espacio es un “efecto inmanente de Dios”; es como Dios mismo, pero sin poder motriz; el espíritu es extenso, idea por cierto retomada del neoplatonismo. Así que, aunque el espacio pueda estar vacío de cuerpos, con todo “no está vacío de Él mismo (Dios)”. Por eso, lo que para nosotros serían acciones a distancia ( si fuesen acciones de los cuerpos materiales), en realidad son acciones por contacto, pues los espíritus, como Dios, están sustancialmente presentes en el espacio y en los cuerpos. Dios aparecería así como el alma del mundo que movería directamente los cuerpos con su voluntad. “Del mismo modo que nosotros somos conscientes de poder mover el cuerpo con la voluntad, no se puede negar a Dios la capacidad de mover los cuerpos”. La imagen del Universo que tenía Newton era descarnada, era un Universo material inerte y frío que flota en Dios, siendo movido y vivificado directamente por su voluntad.

 

Yo no invento hipótesis

Newton le comentó a Bentley, en la primera carta que intercambiaron, que al escribir los Principia buscaba promover la fe en la divinidad, y en la última de sus cartas señalaba que la materia no puede actuar sobre la materia si no es por contacto, de modo que la interaccción entre los cuerpos espacialmente separados, como los astros, se debe a la “mediación de otra cosa que no es material“.

En 1693 Newton le escribía a  su amado Leibniz que estaría dispuesto a aceptar un éter siempre que su densidad no superase el límite de precisión de unos experimentos que había realizado con péndulos, en los que en su momento creía haber demostrado la inexistencia del éter. En cualquier caso, despues de 1706, año en el que se publica la Óptica en su edición latina, Newton empezó de nuevo a valorar la idea de explicar las diversas interacciones entre los cuerpos mediante éteres fluidos e imponderables  (sin masa ni inercia medibles), lo que dio lugar durante el siglo XVIII a una gran proliferación de hipótesis de esta índole.

 

En la segunda edición de los Principia, después de despacharse a gusto con sus ideas sobre la divinidad, decía que “hasta ahora he explicado los fenómenos celestes y de nuestro mar por la fuerza de la gravedad, aunque aún no le he asignado una causa…Hasta ahora no he podido descubrir la causa de las propiedades de la gravedad a partir de los fenómenos, y yo  no invento hipótesis…“; pero a pesar de todo insinuaba a continuación que “tal vez podamos añadir algo acerca de un espíritu sutílisimo que impregna y se esconde en todos los cuerpos, mediante cuya fuerza y acción se atraen mutuamente las partículas de los cuerpos…y los cuerpos eléctricos operan a grandes distancias…y la luz se emite, refleja, refracta y calienta los cuerpos, y se excitan las sensaciones…y los miembros se mueven por la voluntad“.

 

De manera que los que leyeron la segunda edición inglesa de la Óptica (1717) se encontraron con que los vacíos de cuerpos y llenos de Dios se habían llenado ahora de un espíritu etéreo intermediario, retornando a la vieja idea del De Gravitatione (1664-68), según la cual servirse de mediadores “lejos de disminuir el poder divino, lo realza, pues la potencia que puede producir criaturas, no sólo directamente, sino también por mediación de otras criaturas, es extraordinariamente, por no decir infinitamente mayor. Por eso algunos quizás prefieran suponer que Dios impone al alma del mundo creada por él la tarea de…antes de creer que tal tarea es ejecutada directamente por Dios“.

 

Jesucristo, el éter, el propio Newton eran ejemplos de dichas criaturas intermedias entre el Pantocrátor y la Creación. Con este éter intentó Newton al final de sus días la unificación de todas las interacciones, pues los experimentos de Francis Hauksbee sobre triboelectricidad le hacían percibir casi directamente los movimientos y el viento de un espíritu eléctrico. Con todo los experimentos no eran suficientes y los modelos de éter incapaces de abordar todo tipo de fenómenos sin caer en contradicciones.

Con 75 años, Newton se encontraba finalmente demasiado viejo para llevar a cabo una unificación de todas las fuerzas que aún se nos resiste después de tres siglos.

 

Mis ojos se apagan-confesaba a los colegas de la Royal Society-, mi espíritu está cansado de trabajar, a vosotros corresponde realizar los mayores esfuerzos para no dejar escapar un hilo que pueda guiaros

 

Internauta sin Pauta